Los millennials en el sector público

Foto: Global Shapers Monterrey

Foto: Global Shapers Monterrey

Este pasado 19 de Enero se llevó a cabo el foro “Millennials y el Sector Público” organizado por el hub de Global Shapers de Monterrey. En el evento estuvieron presentes el analista político Gilberto Miranda, Ricardo Alanis como experto en el tema de gobierno abierto y análisis de datos, Natalia Mercado como directora de Gobierno Digital y Tecnología por parte del gobierno de Guadalupe y Francisco Cienfuegos, el alcalde de ese municipio. La mesa fue moderada por Jesús Cepeda, miembro de Global Shapers.

El tema, aunque amplio, fue precisado en la problemática de la “brecha generacional” y cómo incluir e integrar más a los jóvenes en el sector público. Las participaciones iniciales comenzaron con Natalia, una joven que se integró al gabinete de Guadalupe y que aunque ha encontrado retos importantes por su edad y perfil, está impulsando cambios y desafiando inercias dentro del gabinete. Ricardo por su parte habló de su experiencia de trabajar temas de gobierno abierto y la importancia de la transparencia y el uso de la tecnología para atraer a los jóvenes a la discusión del sector público. Cienfuegos reitero algunos de sus compromisos para cerrar también esa misma brecha, asumida principalmente como tecnológica. Por su parte Gil Miranda re-oriento la discusión con estadísticas muy importantes: El 94% de los puestos en el sector público a nivel federal son asignados; es decir, solo el 6% son competidos. Por otro lado, el índice de confianza en las instituciones públicas es de tan solo el 30%, superado por un corto margen del 10% para las organizaciones de la sociedad civil.

Estos datos son importantes por dos cuestiones. La primera es que, como mencionaba Gilberto, la brecha más que generacional es de confianza y la segunda es que no importa cuál sea el discurso o los casos atípicos de participación de jóvenes en el sector público; no existen mecanismos reales para incidir en él.

Aunque el resto del diálogo no logró centrarse en estos puntos y divago principalmente en anécdotas personales y la siempre sobre-valoración de las redes sociales como herramientas para el cambio; considero que es necesario intentar apuntar posibles formas de superar esa cultura política en crisis que se apunta con los datos mencionados.

Por un lado creo que es necesario retar la idea de que la tecnología por si sola es transformadora o generado de cambios. Más cuando, como el mismo Cienfuegos mencionó, incluso algunas de sus mismas dependencias carecen de acceso a internet. Resulta un tanto engañoso enfocar el cierre de una posible brecha por medio de simplificaciones tecnológicas como el uso de redes sociales cuando, por una parte, mucha gente no tiene acceso a ellas (independientemente de la edad) y por otra, la plataforma tecnológica del Estado es obsoleta y disfuncional.

La tecnología es una herramienta y como tal solamente benéfica si el trabajo a superar puede beneficiarse de esta, si la infraestructura existe y si la gente está capacitada para utilizarla. El primer y el segundo punto son cuestiones meramente funcionales; sin embargo el tercero se vincula precisamente con el desinterés, apatía, ignorancia y alejamiento percibido de la ciudadanía; lo cual se encuentra relacionado más con la cuestión de confianza institucional que otra cosa.

La pregunta o el problema se recentra entonces en cómo o bajo qué mecanismos recuperar esa confianza. Tema que no se ahondó del todo en la discusión. La falta de cultura política es una cuestión cíclica. Cada nueva generación de jóvenes que llega a los 18 años tiene cierto nivel de interés en un juego político que a pesar de sus muchos cambios a nivel de imagen y superficie; aún se antoja como un simulacro. De forma similar a como no existen mecanismos formales de competencia por puestos en el sector público, tampoco hay procesos formalizados de rendición de cuentas.

¿Cómo podemos estimar el triunfo o fracaso de una administración? El juego político mexicano, muy asemejado a las campañas publicitarias de productos milagrosos, solamente nos regurgita las cifras y hechos que son atractivos para poner en buena o mala luz a ciertos operadores partidistas; sin embargo no hay plataformas, espacios o métricos consensados para medir el desempeño de un político más allá de una percepción manipulada por los medios y nuestra falta de interés.

Resulta entonces clave el generar este tipo de estándares y provocar espacios accesibles para todos, no solo los que tienen uso de internet, en dónde se muestren los datos con transparencia, sino que se genere información de valor respecto a estos. Algo similar a “Alcalde ¿Cómo vamos?”, la plataforma que dejaron plantada los ediles recientemente. Actualmente todos podemos constatar gastos injustificables y otras instancias de corrupción; sin embargo de poco sirve transparentar fraudes o delitos cuando los responsables no pueden ser llevados a la justicia. Ahí radica otra de las grandes raíces de donde se origina la desconfianza: la impunidad.

En conclusión, el compromiso político aun parece lejano y sospechoso y los jóvenes lo seguirán interpretando de esa manera, actuando lejos del sector público y desconfiando profundamente de él mientras no tengan: 1. Plataformas reales de incorporación y participación en este. 2. Transparencia basada en métricos e información generada para la rendición de cuentas. 3. Costos políticos reales a las malas administraciones. 4. Continuidad de proyectos de impacto para la ciudadanía y 5. Un sistema eficiente de justicia ante la impunidad rampante en el sector público.

Federico I. Compeán

Ingeniero mecatrónico, escritor, filósofo y demás otras actividades clasificatorias que hablan poco del individuo y mucho del entorno en el que se desenvuelve. Su labor reflexiva pretende reposicionar la filosofía como acto y ejercicio de vida; como crítica y acto creativo a la vez.