Tendencias educativas para un presente en caos

Fotografía:  Fuente

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El texto de Osvaldo Ayala “Skillroom y el panorama de la educación alterna” toca un tema importantísimo del que se habla muy poco: el futuro de la educación superior y las nuevas maneras de formar “profesionistas”.

Es un hecho que las dinámicas de la educación formal están cambiando y cada día observamos a las instituciones universitarias con serias dificultades para mantenerse dentro de las tendencias económicas y sociales que demanda la actualidad. Elevados costos administrativos, rotación alta de profesores, un mercado laboral frágil y cambiante, así como el desfase relativo cada vez mayor entre lo que ve en las aulas y lo que ocurre en la realidad, confluyen en una receta que ha transformado a las Universidades en simples vestigios del obsoleto sistema educativo de siglos pasados.

El fracaso de la Universidad

La educación por competencias resultó una alternativa reactiva e insuficiente que intentó realinear a las escuelas con las empresas y cerrar huecos más relacionados con la experiencia práctica que con el conocimiento teórico. En otro momento, la híper-especialización también se mostró como una alternativa para impulsar las iniciativas del mercado industrial y tecnológico mientras que todo era gestionado por “especialistas” de la administración, formados también mediante la caricaturización de casos y experiencias destiladas en competencias con nombres atractivos.

Al final el ritmo agresivo de la globalización se mostró demasiado impredecible para poder adaptar una estrategia en el mismo marco competitivo y brutal en el que las empresas, que se sirven del sistema educativo, esperaban. Este desfase se conjuntó con el advenimiento de una generación virtualmente incompatible con las estructuras inertes y jerarquizadas de un concepto de empresa que hoy también raya en lo obsoleto.

Así la Universidad ha perdido su credibilidad como campo de formación de profesionistas adecuados para el presente laboral y también como centro de discusión y generadora de conocimiento por el conocimiento como sus ideales antiguos lo establecían. Así, sin rol ni rumbo, esta se encuentra condenada a desaparecer como la conocemos. ¿Pero que sigue entonces?

El ecosistema emprendedor y los nuevos "alumnos"

El boom actual de la cultura emprendedora y el auto-empleo dibuja enlaces muy claros con la precarización del trabajo mediante una flexibilización del mercado laboral, el estancamiento de los sueldos y la desconexión entre el propósito e ideales percibidos del trabajo con el comportamiento real de las organizaciones.

En un momento histórico como el descrito los nuevos profesionistas abandonan sus organizaciones y puestos. Estos son percibidos como inútiles, sin futuro o económicamente insuficientes. Por otro lado intentan obtener las credenciales y experiencia para crear sus propios proyectos o participar en otros más afines a sus necesidades.

Este nuevo perfil de “alumno”, busca y consume educación de forma muy distinta al alumno pasivo de antaño. Aquel que se graduaba con un conjunto de habilidades definido y casi estático mientras complementaba su formación con la fuerza bruta de años y años de experiencia de desarrollar trabajos y tareas siempre similares.

Las organizaciones requieren ahora nuevas formas de colaboración en dónde sí, es necesario cierto nivel técnico especializado, pero la unión de perfiles diversos en equipos dinámicos e interdisciplinarios resulta más importante que juntar a un panel de expertos en una conferencia.

Esto coloca a este nuevo alumno en una encrucijada en la que por un lado tienen a las instituciones de educación formal y por otro la alternativa de seguir trabajando en puestos y organizaciones mediocres para generar nueva experiencia. La alternativa final es el aprendizaje auto-didáctico.

La primera opción generalmente implica altos costos, múltiples trámites, procesos arcaicos de selección y compromisos de corto y mediano plazo. La recompensa: un título de maestría, una certificación arbitraria o algún diploma que enfatice más las horas invertidas o el nombre del programa o institución en vez de lo aprendido.

La segunda puede aparentar ser más factible en términos financieros, sin embargo tiene un costo de oportunidad altísimo en términos de tiempo y de oportunidades perdidas. Finalmente el aprendizaje informal tiene un grado de variabilidad considerable y generalmente no es reconocido por las organizaciones a la hora de aplicar a un nuevo puesto o integrarse a un nuevo proyecto. Es entonces dónde surge la necesidad de opciones híbridas y en constante reconfiguración.

Replanteando la problemática

La iniciativa que plantea Skillroom es un reflejo de las tendencias educativas modernas y son desarrollos y proyectos que vale la pena observar, entender y discutir. La idea aquí es ofrecer ciertos aspectos claves que puedan beneficiarse de la flexibilidad de la plataforma pero al mismo tiempo cumplan con la generación de valor real en términos de conocimiento y experiencia aplicable para el perfil del alumno descrito y su presente. En pocas palabras se busca una educación relevante.

Quisiera enfatizar lo anterior en tres puntos que considero vitales:

1.       El acompañamiento:

Esto lo apunta Osvaldo y simplemente quiero reforzarlo. La educación no se trata de dar un montón de información o practicar un conjunto de habilidades y con ello generar valor. Es necesario un acompañamiento personalizado y detallado que comprenda los antecedentes del alumno, su presente y las metas de este. Es decir, los talleres y cursos deben de ser lo suficientemente generales para cubrir un buen rango de alumnos, pero lo suficientemente flexibles para adaptarse a las necesidades específicas de cada uno de ellos. Esto deja de lado las prácticas de optimización de costos en dónde la idea era maximizar el número de estudiantes por curso, cambiando el enfoque a maximizar el impacto por estudiante; esperando que la rentabilidad de la plataforma dependa de esta segunda aproximación.

2.       La vinculación:

El unir la teoría con la práctica es un cliché en términos de deseabilidad educativa; pero ¿qué significa esto realmente y como puede ser logrado? Por más que se intenten generar “casos” o aplicaciones reales; plataformas como estas tienen que explotar la misma experiencia o inexperiencia de sus alumnos para generar una conexión significativa. Es decir, los alumnos ya con experiencia laboral estarán tomando los cursos para reforzar o mejorar ciertos ámbitos específicos; por lo que sus vivencias tienen que permear dentro del aula. De la misma manera los menos experimentados tendrán que encontrar un objetivo, un uso, un proyecto, una realidad para lo que están aprendiendo. Esto es definitivamente un reto, pero si es posible configurar los cursos, no para cubrir un temario o mapa de contenidos específicos, sino para dar vida a un proyecto o entregable concreto al final; es posible ganar en importancia y aplicación lo que se pierde por generalidad e incertidumbre.

3.       La conexión:

Este es el punto clave, uno dónde han fallado tanto universidades como organizaciones y empresas. La educación no puede sostenerse desde la presunción de que se encuentra desvinculada de la realidad social, económica y cultural del presente dónde se desarrolla. Independientemente si se habla de programación, diseño gráfico o administración de proyectos el alumno debe poder entender la dinámica que lo ubica en su presente y en el curso que eligió. Así mismo debe poder dibujar las relaciones obvias y las no tan obvias con la realidad de la empresa, organización, mercado o comunidad en dónde su conocimiento va a operar. El conocimiento obtenido tendrá entonces que ser impartido por personas con ese “perfil T” que refiere Osvaldo; en dónde sea posible dibujar las conexiones directas e indirectas de lo que se aprende con los impactos que se quieren generar y con las personas hacia dónde el impacto estará dirigido. Nuestro presente nos muestra día a día las fallas de gestores que desconocen lo que administran, técnicos que ignoran la realidad de su tecnología, diseñadores que jamás han interactuado con los usuarios y teóricos desconectados de su presente y espacio en la realidad. ¿Cómo lograr esto? En una combinación entre la vinculación descrita anteriormente con la exploración y reencuentro con el conocimiento como vehículo para cuestionar y reinterpretar la realidad propia y no solo como una lista de habilidades para cumplir requisitos laborales.

Conclusiones

Es importante establecer que las iniciativas anteriores deben atender a modelos educativos multidisciplinarios. La oferta educativa de estas nuevas plataformas no puede reducirse a cuestiones tecnológicas, de diseño o mercadotecnia; los cuales aparentan ser los tres pilares de la idealización del startup y la organización milennial. La medida en la que será posible cumplir los elementos descritos depende en gran parte de cómo es posible integrar en conjunto las “soft skills” con las habilidades técnicas. Así mismo, el complemento de las artes liberales, el pensamiento crítico y gestión con lo anterior debe dar el dinamismo y el perfil integral que transforme al alumno descrito en un agente de cambio capacitado, vinculado y con un panorama completo del momento y lugar en dónde quiere incidir.

El reto no es para nada minúsculo, pero los cambios están sobre nosotros independientemente si queremos interiorizarlos o no. Por ello es preciso apostar a iniciativas como Skillroom que tienen estos problemas identificados y desde el mismo dinamismo de donde surgen iteran para resolverlos.

Federico I. Compeán

Ingeniero mecatrónico, escritor, filósofo y demás otras actividades clasificatorias que hablan poco del individuo y mucho del entorno en el que se desenvuelve. Su labor reflexiva pretende reposicionar la filosofía como acto y ejercicio de vida; como crítica y acto creativo a la vez.